Distinción del Centro de Cultura Tanguera Alfredo Belussi

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Tango, Radio y más Historias, blog distinguido por su aporte a la difusión del Tango, sus autores e intérpretes.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Biografías: Carlos Di Sarli 20 de setiembre de 2013



Carlos Di Sarli
Cayetano Di Sarli nació en Bahía Blanca el 7 de enero de 1903 y murió en Buenos Aires, apenas 57 años más tarde, el 12 de enero de 1960. Aunque el nombre Cayetano no carecía de tradición tanguera -Cayetano Puglisi, apenas mayor que él, era un ilustre violinista- cambió su nombre de pila por Carlos.
La trayectoria de Di Sarli ha sido investigada y difundida por algunos de sus seguidores (tales Roberto Pietropaolo y Osvaldo Helman). Ellos recuerdan sus estudios en el conservatorio Williams de Bahía Blanca, donde pudo haber sido condiscípulo de Juan Carlos Cobián, que le llevaba siete años, y dicen que entonces ya habían andado por aquella ciudad la orquesta de Roberto Firpo y el dúo Gardel-Razzano. Echo mi cuarto a espadas agregando que allí mismo se ganó Rosita Quiroga, justamente por aquellos días, sus primeros garbanzos y quizá también algún brillantito: la niña tenía 19 años.
Los pininos tangueros de Di Sarli tuvieron por escenario la ciudad pampeana de Santa Rosa de Toay y luego la de su cuna. El hábitat del tango era, sin embargo, Buenos Aires y allí marchó el adolescente, que descendió de un convoy del ferrocarril Sud en 1923, cuando Canaro y Firpo eran sólidas instituciones, Cobián y Fresedo fascinaban a la haute con Mí refugio y Sollozos y Julio De Caro maduraba la formación de su sexteto. Un violinista pionero, José Pécora, que en 1914 ya había grabado con orquesta propia, lo recomendó a Osvaldo Fresedo, en cuya orquesta se incorporó en 1926. Otras actuaciones fueron acendrando su estilo, de raíz fresediana, y en 1928 formó su primer conjunto, con el que grabó T.B.C. de Donato y La guitarrita, de Arólas. Para entonces tocaba en el café "Guaraní" de la calle Lavalle entre Esmeralda y Suipacha. De aquella etapa, que se estiró hasta 1939, son las incorporaciones canoras de Santiago Devin, Ernesto Fama, Fernando Díaz y Rodríguez Lesende.
La gran performance comienza, sin embargo, el 1° de enero de 1939 cuando con su nueva orquesta debuta en la radio El Mundo. Allí incorpora rápidamente al cantor Roberto Rufino, que tenía 16 años. Eran aquellos los días en que D' Arienzo hacía correr a todo el mundo y la orquesta de Di Sarli comenzó cultivando un ritmo veloz, que comenzó a aquietarse hacia 1943. Con peripecias diversas esa orquesta ocupó el primer plano de la actividad tanguísticas (y también de la discográfica) hasta 1956. Por ella pasaron voces tan valiosas como las de Alberto Podestá, Mario Pomar, Oscar Serpa y Jorge Duran, y músicos de la talla de Szyrnsia Bajour, Elvino Vardaro y Roberto Guisado. Dirigiéndolo todo "la formidable mano izquierda del maestro, marcando un ritmo de tango de sencilla estructura y comunicativa emotividad" (Luis Adolfo Sierra dixit). Julián Plaza, que se incorporó en esa orquesta en 1956, recuerda que Di Sarli lo hacía todo, comenzando por los arreglos, y que tocaba los tangos como los había hecho el autor, matizándolos un poquito; los ligados, el staccato y el matiz definían su estilo, sobre la base pianística que ponía el propio director.
Como autor, Di Sarli dejó dos grandes clásicos, Milonguero viejo [1926) y Bahía Blanca (1958), además de una fecunda colaboración con el excelente letrista (y ex cantor) Héctor Marcó,
Cuando los admiradores de Troilo colocaron en el viejo "Marabú" una placa memorativa del debut de la orquesta de su ídolo, los de Di Sarli no tardaron en colocar otra, también muy merecida, puesto que ese lugar había sido su gran reducto porteño. Hicieron bien. Los dos -Troilo y Di Sarli- son figuras emblemáticas de la Guardia del cuarenta. Jocundo y comunicativo el uno, austero y huraño el otro; abierto Troilo a la juventud renovadora; aferrado Di Sarli a su fresedismo incandescente, ambos a dos enriquecieron al tango e inscribieron su nombre, con parejos perfiles, en la historia de la música popular de los rioplatenses. Si Plutarco viviera relataría sus vidas paralelas.