Distinción del Centro de Cultura Tanguera Alfredo Belussi

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Tango, Radio y más Historias, blog distinguido por su aporte a la difusión del Tango, sus autores e intérpretes.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Biografías: Edmundo Rivero 20 de diciembre de 2013

                                                             Edmundo Rivero


Leonel Edmundo Rivero nació en el límite sureño de Buenos Aires 8 de junio de 1911 y murió en la misma ciudad el 18 de enero de 1986. Procedía de un claro linaje de guitarristas populares. Debutó, cantando en dúo, al son de su propia viola, con su hermana menor, Lidia Eva, cuando ésta tan sólo tenía cinco años.
Leonel apareció como cantor en la orquesta de Aníbal Troilo el 3 de enero de 1947. Era un mozo de 36 años. Reemplazaba a Alberto Marino, que era de 1920, y alternaría con Floreal Ruiz, que era más joven aún, pues había nacido en 1926. Cuando fue convocado por Pichuco, Rivero llevaba ya cumplida una notable performance. Inclusive había cantado en algunos filmes: Pampa y Cielo (1938), El último encuentro (1938), El inglés de los güesos (1940), Fortín. Alto (1941). De todos modos y pese a su excelente actuación en la orquesta de Horacio Salgan, se lo tenía más bien como a un guitarrero. "Tanto la avanzada concepción musical como esa inesperada voz de bajo -ha historiado Horacio Ferrer- resultaron escolios de muy difícil superación y aquella refinada combinación de canto y orquesta no alcanzó los estudios de grabación" (en 1956 se tomarían desquite en Montevideo grabando juntos La última curda y La casita de mis viejos). Sin embargo, antes de grabar su primer tango con Troilo (Yira... Yira..., 29 de setiembre de 1947), tenía en su haber otros siete registrados con Los Cantores del Valle (primer semestre de 1946). Aquel era un conjunto puramente comercial, destinado al mercado centroamericano: si Rivero no hubiese puesto allí su voz, inclusive en dúo con Carlos Bermúdez, nadie recordaría aquel disco.
No sin cierta cuota de audacia Troilo contrató a un cantor ya hecho. Pichuco modelaba cantores, pero éste ya le venía modelado. Entre el Tibidabo y los estudios de grabación, Troilo y Rivero constituyeron una sólida amistad. Fueron tres años intensos que, en términos discográficos, concluyeron el 26 de octubre de 1949 con Tú, de José María Contursi y José Dames. En el camino plantaron Tapera (Manzi y Hugo Gutiérrez, octubre de 1947), Sur (Manzi y Troilo, febrero de 1948), Cafetín de Buenos Aires (Discépolo y Mores, abril de 1948), La viajera perdida (Blomberg y Maciel, octubre de 1949). "Registró con Troilo 22 versiones, algunas en dúo con Floreal Ruiz, otras con Aldo Calderón", contabilizó Ferrer.
Sus éxitos con Troilo lo impulsaron a iniciar, ya madurito, su carrera de solista. Impuso gallardamente en el tango el registro de bajo, del que no se recuerdan antecedentes; revalorizó el lunfardo y tanto se acreditó como lunfardista que fue elegido académico de número de la Academia Porteña del Lunfardo; derramó sabiduría en dos libros, Una luz de almacén (1982) y Las noches, Gardel y el canto (1985); llevó su voz al Japón, a España y a Nueva York; grabó con Piazzolla las milongas de Borges; volvió a los sets cinematográficos con Pelota de cuero (1948) y Al compás de tu mentira (1950); cantó para reyes y para intelectuales; recibió de la Academia Porteña del Lunfardo la Medalla de Plata, el Farolito de Oro y finalmente el Diploma Académico; compuso algunos clásicos de la poesía lunfardesca y los cantó admirablemente contribuyendo a su difusión; convirtió a El Viejo Almacén, entre cuyos fundadores se contó en 1969, en el más empinado referente tanguero de la porteñidad y en medio de tanto trajín volvió a unir su voz con el bandoneón de Troilo para dejar un clásico inefable, La última curda (Cátulo y Troilo, 8 de agosto de 1956).
Presenté su libro, fui su par en la Academia Porteña del Lunfardo, despedí sus restos. Lo recuerdo como un caballero muy cortés, lleno de curiosidades intelectuales (un serio estudioso con actitud de estudiante), conversador atrapante, un señor cuya condición espiritual estaba hecha de afabilidad y de respeto. Mi memoria excluye pertinazmente La toalla mojada.