Roberto
Grela
Roberto
León Grela nació en Buenos Aires, (en el barrio de San Telmo), el 28 de junio
de 1913 y falleció en la misma ciudad el 6 de setiembre de 1992. «Murió uno de
los más grandes guitarristas del tango", tituló La Nación la nota
necrológica. Lo había sido.
Uno
se siente inclinado a afirmar que el primer tango se acunó en una guitarra. Es
ésta una afirmación discutible, porque si el tango nació en las academias -en
esos lugares los violines abundaban más que las guitarras, podría presumirse
que más bien nació de un violín. Sin embargo, por mucho que nos fascine la
figura del negro Casimiro, por mucho que queramos relegar la guitarra a la
categoría de instrumento sustituto del piano en las primeras grabaciones de
Greco, ella estuvo en las manos de los payadores puebleros, llamados
milongueros porque payaban por milonga, y al son de su palabrerío ensayaron,
casi seguramente, los compadritos, sus primeros quiebros. De lo que no cabe
duda es de que el tango canción sí se acunó sobre la caja de un encordado, o de
dos, el de Gardel y el de José Ricardo.
Esa
circunstancia rebajó a la guitarra a un destino más servicial que artístico, el
de acompañante. Grela no fue el primer solista, el primer escobero liberado del
servicio doméstico, pero ha de haber sido el mayor de todos, o, al menos, uno
de los mayores.
Empezó,
es claro, acompañando a cantores de corto destino. El primero fue Domingo
Gallichio, y tras él, muchísimos otros. Dirigió el acompañamiento guitarrístico
de Charlo y posteriormente, entre 1936 y 1938, el de Fernando Díaz. Esta etapa
no carece de alguna importancia, porque fue entonces cuando el longilíneo
cantor riocuartense antes de iniciar su segunda etapa como chansonnier de
Francisco Lomuto, estrenó el tango Las cuarenta, infaltable ahora -felizmente-
en cualquier antología tanguera. La orquesta de Lomuto grabó este tango (versos
de Gorrindo), aunque no con la voz de Díaz, sino con la de Jorge Omar, en julio
de 1937, de modo que lo difundió simultáneamente con Azucena Maizani, quien no
lo llevó al disco, aunque existe una grabación tomada en vivo. Por supuesto, no
fue Las cuarenta el único tango compuesto por Grela. De los otros, que tampoco
son tantos, pueden mencionarse Viejo baldío (grabado en agosto de 1946 por
Aníbal Troilo con la voz de Pablo Lozano), Callejón (grabado el mismo año por
el mismo Pichuco con Ángel Cárdenas) y A San Telmo.
Una
extensa discografía permite apreciar el sonido de Grela, en cuyas
interpretaciones Ferrer señala cierto fraseo de tradición bandoneonística.
Autodidacto e impar orejero, no había llegado al tango, sin embargo, por el
camino del bandoneón, sino por el del mandolín. Buscó una sonoridad distinta y
la encontró mediante la púa de carey. No desdeñó el brío, pero sí la
estridencia; privilegió los matices e hizo de cada interpretación un pequeño
concierto. Esto vale para los cuartetos que integró con Pichuco y para todo lo
que tocó y grabó junto a músicos de alta prosapia, como Horacio Salgan,
Leopoldo Federico u Osvaldo Requena, para sus versiones con el acompañamiento
de la orquesta de Carlos García, para sus propios conjuntos instrumentales.
Hombre
de bajo perfil, a quien habríase podido suponer nacido para acompañar
cantantes, o guiarlos, su historia casi sin historia permite declarar
nuevamente, como Borges en el Poema de los Dones, la maestría y la magnífica
ironía de Dios que eligió a un músico inusualmente modesto para exaltar a la
guitarra, y de paso a él mismo, a la categoría de protagonista.