Distinción del Centro de Cultura Tanguera Alfredo Belussi

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Tango, Radio y más Historias, blog distinguido por su aporte a la difusión del Tango, sus autores e intérpretes.

sábado, 15 de abril de 2017

Azucena Maizani - 15 de abril de 2017

                                           Azucena Maizani
Azucena Josefa Maizani, La Ñata Gaucha, nació en el hospital  Rivadavia de Buenos Aires el 17 de noviembre de 1902 y murió en el sanatorio De Cusatis de la misma ciudad el 15 de enero de 1970. Durante años fue tenida por la homologa de Gardel. Hoy nadie se acuerda de eso.
De muchachita cosió botones en una fábrica de camisas para hombres y luego trabajó en una casa de modas. Se metió en la radiofonía e interpretó dúos con José Bohr en la radio Cultura. Fue milonguera en el Tabarís, donde la llamaban Azabache, y corista en la representación de El bailarín de Cabaret (1923).
En una fiesta familiar, adonde tal vez la habría llevado su amiga y maestra Delia Rodríguez ,(famosa por entonces como cantante de cosas criollas, pese a que era italiana), la escuchó cantar Enrique Delfino, a quien su pequeña y transida voz le recordó la de Raquel Meller, «el alma que canta», y la hizo debutar en el sainete A mí no me hablen de penas, de Alberto Vacarezza, con un sueldo mensual de 200 pesos (que no era gran cosa, pero era plata). No tenía letra en la representación; sólo cantaba el tango Padre nuestro tantas veces como el público insistiera con los gritos de bis. Ocurrió el 27 de julio de 1923.
Su carrera fue luego de escenario, estudio radiofónico y un poco -demasiado poco- de cine. A veces aparecía en escena con atuendo masculino, pero no travestida, sino como una mujer hecha y derecha que se hubiera vestido de hombre. Lo mismo había hecho Linda Thelma, que tampoco se travestía, sino que se disfrazaba. Estrenó tangos memorables -Organito de la tarde, Esta noche me emborracho, Soy un arlequín-. Algo compuso, también, sin saber música (chifulando, como ella decía), y su tango Pero yo sé, todavía hoy es rescatado por las jóvenes cancionistas.
No fue afortunada en amores: al revés del Patotero Sentimental, en su vida hubo muchos varones, pero ningún hombre cabal. Scarpino, que fue su marido, Roberto Zerrillo, Enrique Rando y un joven llamado Caffaro, que quería cantar con el seudónimo Ricardo Colombres (logró hacerlo e inclusive grabó) y se suicidó después de perseguirla, con el revólver en el cinto, cuando la estrella, que ganaba mucho dinero, se cansó de encerrar canarios en la jaula del bolsillo de su amante.
Con Zerrillo y el negro Mora realizó una tournée por España y Biarritz; logró un éxito inmenso, pero fue un fiasco financiero por cosas que suele tenerla diferencia del cambio monetario. Consagrada en esa gira como número uno, siguió siendo durante mucho tiempo un número muy rentable para los empresarios. A fines de 1934 declaraba haber ganado, desde el día de su debut, más de un millón de pesos. Si los hubiera invertido en viviendas habría podido construir un centenar. Pero murió en la pobreza. Gardel, que la quería y admiraba, se ahorró el espectáculo de su decadencia, larga y penosa. Para mitigarla se le rindieron homenajes, entre ellos uno en 1963, multitudinario. Cantó todavía en lugares menores y no sólo porque el pájaro canta hasta morir, sino porque tiene que comer para no morirse. Cuando voló, en su constelación sólo brillaba Libertad Lamarque, la Líber, que como todo el mundo sabe, es incandescente.
Azucena y Gardel crearon la manera de cantar el tango. Gardel privilegiaba la música y Azucena, la letra. Gardel era más dúctil, era muchas cosas sin dejar de ser Gardel. Azucena era todo énfasis. Lo que Rosita chamuyaba, y Mercedes modulaba, y Líber trinaba, ella lo exclamaba. Tengo el recuerdo de una vivencia impar: su recitado de El rosal de los cerros, con aquello de «tragó saliva pa' dentro», que me ponía la piel de gallina. No encuentro este tango (grabado por Corsini, en 1933) en la discografía de la Ñata Gaucha. ¿Será un caso de seudoamnesia?  ¿Habré soñado su voz? El estremecimiento que me recorre ahora, cuando escribo esto, ¿será un reflejo condicionado?

EXTRAIDO DEL LIBRO MUJERES Y HOMBRES QUE HICIERON AL TANGO DE JOSE GOBELLO.


Title: 01 Copa de ajenjo - Juan Canaro y Carlos Pesce - Piano y guitarras
Artist: Azucena Maizani
Album: Escuchando a Azucena Maizani

Title: 02 Pensalo muchacho - Roberto Zerrillo, Orestes Cuffaro y Mario Jose Bellini - Violin y piano

Title: 03 Pero yo se- Azucena Maizani-  Piano y violín

Title: 04 En esta soledad - Vicente De Marco y Azucena Maizani - Orquesta Vicente De Marco

Title: 05 Lejos de mi tierra - Azucena Maizani - Orquesta Terig Tucci

Title: 06 Descreida - Terig Tucci y Ruben Fernandez de Oliveira - Orquesta Terig Tucci

Title: 07 Nuestra cita - Liborio Argentino Galvan y Agustin Horacio Delamonica - Piano y guitarras

Title: 08 Usted sabe, señor juez - Orestes Cuffaro y Alfredo Ramos Merillas - Violin y piano

Title: 09 No se  por que te quiero tanto  - Terig Tucci y Ruben Fernandez de Olivera (Tabanillo) - Orquesta Terig Tucci

Title: 10 No salgas de tu barrio - Enrique Pedro Delfino y Arturo Rodriguez Bustamante - Violin y piano

Title: 11 Liberata -Milonga-  Vicente Demarco, Jose Francini y Mario Alberto Molins - Orquesta Vicente De Marco

Title: 12 Amanece -Estilo-  Ruben Fernandez de Olivera - Orquesta Terig Tucci

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