Distinción del Centro de Cultura Tanguera Alfredo Belussi

Distinción del Centro de Cultura Tanguera Alfredo Belussi
Tango, Radio y más Historias, blog distinguido por su aporte a la difusión del Tango, sus autores e intérpretes.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Rosita Quiroga 6 de Septiembre

Rosita Quiroga, una voz diferente diferente a todas las demás. Rosa Rodríguez Quiroga no solamente ha pasado a la historia por el cariñoso diminutivo de Rosita: también ha incursionado en ella por haber dicho el tango como ninguna (y en esto, no tiene nada que ver con Malena). También allí reside el misterio de su perdurabilidad: poseedora de un estilo característico, su voz no ha perdido vigencia, porque no representa a ninguna época determinada. Sólo representa a Rosita Quiroga. Escucharla no es evocar tiempos idos, o hurgar en un pasado no conocido.
Escucharla es, simplemente, tomar un contacto directo con ella. Algo así como si ella y la historia del tango fuesen dos cosas independientes.
Pero no es así, por supuesto...
En cierta ocasión un amigo, Mariano Villar Sáenz Peña (nieto de Roque, sobrino de Luis), le grabó un disco particular a su novia. Y solicitó, para realizar tal grabación, que lo acompañara en guitarra. La misma se hizo en los estudios de la compañía donde yo grabé siempre. En un descanso de esta grabación, le pedí a los técnicos queme escucharan. Porque yo cantaba, y quería que me tomaran una prueba. Debido a mi nerviosismo del momento, esa prueba salió mal. Pero yo insistí unas cuantas veces y al fin me tomaron como cancionista.
Fue en 1924- Y comencé formando un dúo con Rosita del Carril .De allí fui progresando, canté como solista y seguí en la casa Víctor hasta que me retiré, en 1958...
— ¿Cómo surgió su interés por cantar?
—Cuando yo empecé a cantar, en mi casa, no existía el tango. Es decir, existía pero era considerado como una mala palabra. En la Boca, donde nací, aprendí los primeros acordes de guitarra con Juan de Dios Filiberto. Comencé cantando cosas criollas, zambas, valsecitos. Y fui alternando en casas de familia. Hasta que llegó la oportunidad del disco.
—Al comienzo, ¿tomaba esta actividad?

Siempre lo tomé en serio. Desde el primer momento quise ser cancionista. Y desde y a, mi familia no se entrometió nunca. Mi madre, por el contrario, siempre me alentó, y fue una gran admiradora mía. Para ella, era una gran satisfacción saber que yo triunfaba. Por eso no hubo interrupciones en mi carrera. Aparte del disco, fui la primera intérprete solista que intervino en la radio. Menos en radio Splendid, canté en todas las emisoras. Y aclaro que me gusta tanto tocar la guitarra como cantar. Por eso mismo, luego de retirarme de la actividad, comencé a estudiar este instrumento con el profesor José Francini. Lo hago porque además del tango, me gusta toda la música.
—Usted es, evidentemente, la voz femenina que impuso el tango canción.
-No sólo eso: además, impusimos junto con Canaro, con Fresedo, con De Caro, el tango arrabalero en la sociedad porteña. Repito: antes, el tango era una mala palabra. Anteriormente a mí, había surgido, entre otras, Linda Thelma. Pero era otra forma de expresarlo. Y en otro ambiente. También lo cantó Lola Membrives. No fui la primera en cantarlo. Pero sí en imponerlo. Así como también fui la primera que grabó en sistema eléctrico, en marzo de 1926. Muchos años después, a través de los discos, también fui la primera intérprete que se escuchó en Japón. Fue en 1938.
—Supo retirarse a tiempo, ¿verdad?
—Sí, y nunca me arrepentí. He sabido "campanear mi vejez". Tuve la suerte de advertir cuando era el momento de dejar de tomar esta profesión como una obligación. Además, evidentemente había letras que ya no podía cantar. Uno de mis primeros éxitos, por ejemplo, fue Julián. "Por qué me dejaste mi lindo Julián..." Cualquiera que me ve cantando eso, ya sabría por qué me dejó, ¿no?  En ese aspecto admiro mucho a Edmundo Rivero. Porque es un cantor que sabe colocarse en la edad que tiene. Elige sus letras. Yo en la actualidad
podría cantar milongas de Yacaré, o de Celedonio Flores. Eso se puede cantar hasta teniendo cien años, porque no suena ridículo. A mí me "revientan" esos que cantan que los dejó la mujer, y otros temas de amor. Rivero, en cambio, hace cosas como La última curda o Cuando me entres a fallar, o milongas de Yacaré. Cosas que corresponden con su edad.
—Su estilo Rosita, ha sido muy particular...
Sí. No es jactancia, pero no he tenido seguidores. El único que pudo, no imitarme, sino seguir en mi línea, fue Ángel Vargas. Pero yo tuve estilo propio hasta para elegir mi repertorio. Lo que Gardel cantaba en Odeón, no podía hacerlo yo en Víctor. Y viceversa. Registrábamos los títulos en la Biblioteca de la Nación. Así preservábamos la exclusividad.
Algo que más tarde, con la creación de SADAIC, no sucedió. Hasta firmamos un contrato con Celedonio Flores, quien era letrista de Gardel, para que durante cinco años hiciera temas para que yo los cantara con exclusividad. Así surgió Viejo coche, Audacia, La musa mistonga, Son grupos y otros.
—Cuesta creer que, con su trayectoria, nunca estuvo sobre un escenario...
—Es que cuando veo al público me "empaco", me asusto. Por eso nunca trabajé en teatro. Solamente estuve tres meses en el Empire en 1930. Luego de mi actuación, cantaba Gardel. Y también estuve durante un corto lapso en el cine Fénix, de Flores. Allí donde actuaba, vino a verme Alberto Vaccarezza para proponerme trabajar en el teatro Nacional. Al principio le dije que sí. Pero nunca firmé contrato. Es que le tengo respeto y miedo al público. Para hablar, puedo dar una conferencia. Pero para subir a un escenario, no sirvo...
—Algo similar al cine, tal vez...
Más o menos. Recientemente hice mi primera actuación en cine, en El canto cuenta su historia. Y lo hice porque conozco al director, Fernando Ayala. Y tuve oportunidades. Pero tuve miedo. Además de un carácter muy particular. Que me hubiera impedido aceptar que un director me mandara o me gritara, como vi que le hicieron a amigos míos. Por eso, en esta oportunidad que tuve, pregunté quien iba a dirigir. Y cuando supe que lo iba a hacer Ayala, me quedé tranquila.
— ¿Tiene preferencias por algún autor particularmente?
—Siempre me gustó Celedonio Flores. También Cadícamo. Y muchos otros, que sería largo enumerar. En cuanto a los temas, todo lo que hice me gustaba. Nunca grabé algo que no me agradara. Mi pianista, el "Chon" Pereyra, me pasaba los temas. Y si me gustaban, los hacía. Curiosamente, grabé discos para la Argentina y para Centroamérica simultáneamente. Es decir, que cultivaba un repertorio muy amplio. Pero que en todos los casos me agradaba.
—También se desempeñaba como "descubridora" de artistas...
En realidad, ayudé a mis amigos. Por ejemplo a Magaldi, a quien "bocharon" en una prueba que había realizado. Vino a verme Rafael triarte, para que yo intercediera. Lo escuché y advertí que era un gran valor. Allí empezó a grabar sus discos, que inclusive realizó en un comienzo a dúo conmigo. Más tarde, la casa Víctor me dio franco los días viernes, en los que
debía recorrer los cabarets para observar a los distintos intérpretes, íbamos con el gerente, Casas, con De Caro y con el "Negro" Flores. Así descubrimos a Mercedes Simone, a quien acompañaba su esposo. La escucharon en el estudio, gustó y comenzó a grabar. Y triunfó porque tenía condiciones, y era una gran artista. También llevé a grabar a Oscar Ugarte y a Dorita Davis. Afortunadamente, nunca fui envidiosa. Y guardé para mí mis opiniones particulares, mis preferencias. Así como también supe "campanear mi vejez" y retirarme a tiempo. Algo muy difícil de determinar para cualquier artista. Desgraciadamente, hay quienes no miden los riesgos de seguir en actividad. Y ¡pobre del artista que tenga que pedir trabajo!


Fuente: 1880 UN SIGLO DE HISTORIA 1990 –Tomo III Págs. 413-414-415


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