Distinción del Centro de Cultura Tanguera Alfredo Belussi

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Tango, Radio y más Historias, blog distinguido por su aporte a la difusión del Tango, sus autores e intérpretes.

martes, 18 de junio de 2013

Porteña Jazz Band 18 de Junio


Con la solera de la Porteña Jazz Band en pleno ejercicio, el público de Barcelona pudo paladear las casi olvidadas esencias puras del jazz tradicional primitivo y el reencuentro resultó feliz y gratificante. En lo que va del siglo, el jazz no ha dejado de evolucionar, como materia viva que es, y los padrones originales se han ido quedando atrás, en los recodos de la memoria. Pero, de pronto, se presenta la Porteña Jazz Band y expone nuevamente, ante la sorpresa de muchos y el júbilo de los más, los esquemas que movilizaron el jazz en los años veinte y treinta, convirtiéndolo en la nueva música más atractiva para la juventud. 


Ahora, la reflexión es la siguiente: a pesar de toda la evolución que el jazz ha experimentado en los últimos decenios, escuchar de nuevo las músicas de William Christopher Handy, de King Oliver o de Fletcher Henderson es tan legítimo como, en el campo de la música clásica, solazarse con las composiciones de Haydn, Haendel o Mozart.
De hecho, la música de estilo "dixieland" derivada del jazz llamado de Nueva Orleans no ha quedado nunca borrada del mapa porque la cultivan infinidad de agrupaciones instrumentales amateurs en todo el globo. Si se aborda despreocupadamente, es un género de música fácil y asequible para músicos aficionados. Tocar "dixieland" bien ya es más difícil, de manera que las bandas de músicos que se ven capaces de tocar buen "dixieland" ya no se detienen en este género y acometen planteamientos de mayor envergadura, con lo cual el "dixieland" sigue quedando en manos de los aficionados de andar por casa.
Pero mientras tanto, en Buenos Aires, la Porteña Jazz Band se tomaba el jazz tradicional en serio y con un entusiasmo que corría parejo con el máximo rigor técnico, asimilaba el jazz orquestal de los orígenes y lo cultivaba con la autoéxígenciá más radical. Y así hasta hoy, desde los lejanos años sesenta, la orquesta ha mantenido airosamente la antorcha de la legitimidad, incluso con los forzados cambios de personal y con la entrada de savia joven. En el universo del jazz, Buenos Aires sigue siendo un arrabal pero a pesar de ios inconvenientes de la periferia, la Porteña Jazz Band ha ganado solera y se ha hecho apreciar por los jazzmen más conspicuos, que han tenido que descubrirse ante ellos. En el apretado escenario de La Cova, la Porteña dio cuatro conciertos vibrantes ante un auditorio que abarrotó cuatro veces el local y participó efusivamente de la fiesta. La orquesta ofreció un amplio repertorio en el que felizmente se alternaban las piezas primitivas que en sus días divulgaron los míticos conjuntos de King Olíver, Kid Ory, Tommy Ladnier, Johnny Dodds, Louis Armstrong, para adentrarse después en los arreglos inspirados en Fletcher Henderson, en Cab Calloway, en Fats Waller... 


Y no era sólo un complacido abaniqueo de la memoria sino una activación formal de una música perfectamente válida, ejecutada con buen humor y utilizando gags hilarantes, como en los buenos viejos tiempos, sin desdeñar tampoco los solos de radiante virtuosismo. El público, con sus ovaciones insistentes, no les dejaba marchar.
ALBERT MALLOFRÉ

 Crítica publicada por el diario La Vanguardia de España


Material publicado CD Vol 2.               

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